Viña Casa Bauza

Chile es el paraíso de cualquier geógrafo, no solo de norte a sur en un viaje surreal que abarca
desde el desierto absoluto hasta el hielo perpetuo sino mayormente (y sorprendentemente) de este a oeste, cómo las altas cumbres de los andes se sumergen en el frío océano pacifico. En esta inmersión abrupta, el ancho del país está marcado por infinitos accidentes geográficos ofreciendo cada uno de ellos una infinita variedad de altitudes, temperaturas, suelos y climas. Esto, a cambio, es el lugar de juego de cada enólogo: un auténtico lienzo de terroirs únicos.

Cuando Lorenzo Bauzá dio sus primeros pasos en territorio chileno, inmediatamente descubrió que podría desarrollar diferentes variedades de cultivos tan pronto comprendió el delicado balance de los elementos. El a menudo decía: Cultivar la fruta es como balancear 2 elefantes, un pequeño movimiento hace la gran diferencia. Con el paso de los años comenzó a experimentar en distintos cultivos, en diferentes suelos, a diferentes temperaturas y alturas, encantado con el hecho de que estos leves cambios marcan grandes diferencias en su producto final. En el desarrollo de esta búsqueda, sin ser su final propósito, llego a la que vendría a ser su real pasión, la producción de pisco y vinos. Lorenzo Bauzá siempre admiro el cómo todo en su nuevo país parecía desenvolverse en la Familia chilena, lo que hasta estos días permanece en el corazón de la sociedad chilena.


Con el pasar del tiempo, Lorenzo se caso y comenzó su propia familia, la que creció considerablemente en el tiempo. Fiel a la tradición chilena, cada domingo el reuniría a todo el mundo alrededor de su mesa para disfrutar su compañía. Además de lo mucho que disfrutaba haciendo vino y pisco, su gran devoción en la vida, siempre sería su familia. Con cada nuevo primo, sobrino, sobrino, nieto, nieta el estaba fascinado en entender como, además de compartir su apellido, cada miembro de la familia tenía su propia individualidad, preocupándose siempre que todos se respetaran.


“Nuestra familia se fortalece no solo por lo que tenemos en común sino además por nuestras diferencias”. Esto es precisamente el principio en el que casa Bauzá se construye. Cada vino que creamos es un nuevo miembro de nuestra familia. Creemos en la libertad y en la magia de ir descubriendo como cada variedad se adapta al terroir, dedicándonos completamente a entender su comportamiento.


Tal como con los nuevos miembros de la familia, no podemos, ni pretendemos predecir completamente como será el vino que vendrá, o como el contribuirá a la familia. Todo lo que podemos prometer, sin embargo, es nuestro sello de calidad y nuestra completa devoción a lo que hacemos.


Para un proyecto único en su tipo, necesitábamos un enólogo único, alguien cuyo conocimiento y pasión por hacer vinos calzara con la curiosa creatividad de descubrir y comprender el potencial de
cada terroir, desafiando para llegar más allá de lo obvio.

Habiendo trabajado en algunas de las bodegas más importantes de chile, Natalia Poblete fue la enóloga dibujada para este proyecto.

“Estoy muy interesada en trabajar en Viñas que entiendan la importancia del terroir y que me permitan gozar de la suficiente libertad creativa para innovar y descubrir”. Cuando Rodrigo Bauzá
me contacto y me contó sobre casa Bauzá, la conexión fue inmediata, nos conocimos y de forma inmediata me sentí parte del proyecto.

Este proyecto es tan excitante como desafiante. Si bien hacer vinos está definido como una ciencia, muchos factores afectan el resultado final, lo que también es un arte. Como enóloga disfruto descubriendo las pequeñas sorpresas que se esconden entre lo obvio y las uso para darle un toque único a cada vino. Esta libertad creativa es también un gran desafío, son años en la industria pisquera constantemente destacando en calidad, en los vinos no puede ser distinto.
Estamos constantemente traspasando barreras y descubriendo el potencial que hay detrás de las uvas de Bauzá. Esto significa descubrir cada variedad individualmente así como la potencial
sinergia de nuevos ensamblajes.

El área de Til Til es prácticamente inexplorado cuando hablamos de viticultura, lo que significa que hay muchas sorpresas por delante. Creo que referirse a la totalidad del valle del Maipo es un error ya que es una DO demasiado amplia, incluso habiendo sido sinónimo de variedades tintas, actualmente hay varios vinos blancos del maipo, lo que reafirma su versatilidad. Esa es la razón por la cual en casa Bauzá nos referimos específicamente a Maipo Norte.

La primera palabra con la cual describiría Maipo norte sería “solar”. El área presenta niveles extremos en cuanto a radiación solar trata, pero al mismo tiempo, noches extremadamente frías, lo que le permite a las variedades tintas mostrar su mejor expresión. Esta oscilación térmica (sobre 20°C) conlleva a que el proceso de madurez sea acelerado durante el día pero se ralentice de forma abrupta al llegar la noche. Esto se traduce en que nuestra vendimia comienza algunas semanas antes que el resto del maipo, definiendo perfiles aromáticos interesantes, lejos de la sobremadurez y notas piracinicas, comúnmente asociadas a las variedades que trabajamos.

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